Desocúpate de culpar, ocúpate de amar

Si le preguntas a cualquier buen abogado, él o ella te dirá que no existe tal cosa como un divorcio económico. Si le preguntas a cualquier buen psicólogo clínico, él o ella te dirá que no existe tal cosa como un divorcio neutro y fácil. A nadie le gusta romper vínculos amorosos, a menos que tenga una personalidad destructiva, tipo sádica. Todos conocemos alguien así, en estos tiempos convulsos, esas personalidades que se desconectan tanto del amor a sí mismos que destruyen lo sano en sí mismos y en otros, incluso dañan a sus propios hijos, en una espiral de muerte suicida e inconscientemente diabólica.
Con independencia del disfrute y la facilidad de romper, a veces uno decide que la mejor manera de resolver una relación es NO, HASTA AQUÍ y NO MÁS. Y uno desea seguir su camino sin esa persona.

Si le preguntas a cualquier buen psicólogo clínico, él o ella te dirá que no todo el mundo siente que tiene derecho a elegir, o si lo tienen, no todos disfrutan de la valentía para expresar lo que desean y necesitan. Así que felicitemos a quien, persona o nación, ha superado las batallas internas o externas necesarias para tomar sus propias decisiones y manifestarlas asertivamente.
A veces, cuando la relación no ha ido bien, hay quien invierte todas sus energías en juzgar al otro, en una búsqueda de algo o alguien externo responsable de la decepción vivida. Encontrado en su mente el personaje culpable, se apega a la idea del mal-hacer de “éste” como garrapata a su fuente, vive y se nutre del apego a la “mala sangre” y ahí se hace más voluminoso hasta que revienta, claro.
¿Que le reporta a esta persona, grupo, país esa relación de amor-odio con el mal-hechor? Una sensación de poder, derivado de haber sido tratado injustamente. Esta es la gran farsa del victimismo. Señalar al otro como único causante de nuestros dolores, angustias, miedos y heridas genera un falso poder, el de la ira y la venganza, donde las emociones difíciles se estancan y las relaciones se pierden.
Señalar al otro como único culpable, por un lado aporta muchos “me gusta” en las redes sociales, sedientas de superficialidad e infantilismo y además aporta distracción de lo más difícil: salir de la zona de confort y del mundo de las supuestas certezas mentales de malos y buenos para abrazar lo desconocido y novedoso.

Algunas veces puede haber un interés en asumir la propia responsabilidad del dolor vivido, o al menos parte de la responsabilidad. Algunas veces hay un interés en avanzar, crecer, aprender algo, comprendiendo los propios defectos y apostando por la superación de las propias limitaciones, por el bien de la cicatrización de las propias heridas y la transformación personal. En el ámbito del amor en pareja sería la única manera sana de abordar el dolor de la pérdida, también cuando el amor dice “no”.

Teniendo en cuenta el ciclo evolutivo del ser humano, una pareja con niños que se divorcia, probablemente atraviesa los momentos más desconcertantes, más dolorosos, más desgarradores  en su ciclo de vida.
Además de ser un generador de ansiedad, dolor y desequilibrio este proceso también puede generar y propiciar el cambio y el crecimiento personal.

“Los acontecimientos no nos afectan por lo que son, sino por la valoración que hacemos de ellos” Epicteto

Para ocuparse con amor, es necesario no divorciarse de los propios defectos, sino asumirlos y aceptarlos en lugar de culpar a otros por ellos. Criticar, juzgar es una manera extraña de querer tener poder, mientras que se pierde dignidad. Cada uno de nuestros juicios y desprecios a los demás, no versa en realidad sobre ellos, sino sobres nuestras propias limitaciones inconscientes. El juicio despectivo es la patética expresión de las propias necesidades no satisfechas.
Si le preguntas a un sabio feliz como encontrar la felicidad, él o ella te dirá que no está fuera.

“Más allá de las ideas de actuar bien y mal, se extiende un campo. Allí nos encontraremos.”  Rumi

 

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